Las cien muertes de Fidel

En el Posgrado de Periodismo Deportivo me pidieron una breve reflexión sobre la influencia de las nuevas tecnologías en el circuito de la comunicación. De allí surgen estas líneas. La dramática transformación que se viene operando por la masificación de la Internet 2.0 y las consiguientes nuevas responsabilidades que le plantea a la actividad periodística.

Murió Fidel Castro. Fue lo primero que leyó en su teléfono celular cuando se conectó a Twitter desde la comodidad de su cama. Primero se sorprendió, y casi instantáneamente, le dio un despreocupado RT (retweet). La “noticia” que no es noticia se difunde con una rapidez asombrosa en las redes sociales, situación que hoy en día ya tiene nombre propio: se ha viralizado.

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A las pocas horas el rumor quedó desmentido y con la misma velocidad que irrumpió en el ciberespacio, desapareció. De más está decir que el viejo líder cubano no murió, y si bien su salud es precaria, aún hace sentir su presencia en la isla.[i]

El protagonista de esta situación no tiene nombre, o más bien lo tiene, pero no nos importa, ya que sólo es una pieza más del esquema de la información de estos tiempos. Sólo debemos saber que situaciones como ésta se repiten a diario cientos de veces en el micromundo de Internet. Que cada vez es menos micro y más macro.

 

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Esta vieja imagen del supuesto cuerpo sin vida de Fidel Castro se trata de un fotomontaje que circula por las redes sociales desde, al menos, el año 2014.

¿Quién dio la noticia para generar semejante propagación? Es imposible saberlo. La información está en todos lados en forma interactiva e instantánea, alterando los órdenes y las funciones naturales del informador. Pero sí nos interesa determinar cuál es el lugar que el periodista debe ocupar en este particular esquema de la comunicación. Una función novísima (y si se quiere insólita): ya no es su oficio dar una noticia, sino corroborar y/o desmentir un rumor instalado.

Las redes sociales configuran la más reciente de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) y es deber del comunicador adaptarse a ellas. Este nuevo esquema, permite que protagonistas y su público puedan relacionarse sin la presencia del periodista, diluyendo su tradicional función de nexo entre ambos. De allí que las noticias encuentren nuevos lenguajes y nuevas formas de propagación.

Las TIC influyen decisivamente en la opinión pública. Medios como la televisión, la radio, e Internet están constantemente transmitiendo mensajes que influyen en las personas que apenas son conscientes de ello. Son la vía de la verdad para muchos, trasladando el clásico “es verdad porque lo ha dicho la TV (o la radio)” a “es verdad porque lo vi en Internet”. Tal es el impacto de las TIC y de allí radica su importancia.

El concepto de TIC no es absoluto, sino dinámico y depende de los tiempos. Si bien la televisión aún continúa siendo el de mayor penetración en la sociedad, desde comienzos de los ’90 Internet irrumpió para revolucionar el mundo, y como no podía ser de otro modo, la función periodística también. Antes la información estaba concentrada y su transmisión era unidireccional. El desarrollo de Internet (con tecnologías como banda ancha, peer to peer, streaming, etc.) significó que la información esté ahora en muchos sitios y, por lo tanto, más accesible para el gran público. El principal problema es la calidad de esta información.

Cuando la web empezó velozmente a llenarse de “puntocom”, para el periodismo se abrieron gran cantidad de oportunidades profesionales. Surgieron distintos canales para expresarse: de manera rentada desde los portales de noticias de los grandes medios, o desde wikis y blogs personales. Pero, por supuesto, más información no significa mejor información. Internet es un mar revuelto de información y depende del periodista no ahogarse en él.

Le corresponde al periodista la función de seleccionar adecuadamente las noticias, informar con veracidad y ser responsable por la información que difunde. Nada distinto a lo que siempre fue su obligación. Sucede que es muy fácil sucumbir a la tentación de tener la primicia. Todo está a un clic de distancia. La velocidad parece imponerse por sobre la veracidad. El ahorro de esfuerzo también es tentador. Es deber del periodista escapar de esta vorágine. Las fuentes confiables y el chequeo de la información redoblan su valor.

Hoy no sólo cada medio tiene sus canales electrónicos, sino la mayoría de los comunicadores cuenta con los propios. Todos tienen cantidades de seguidores atentos a sus publicaciones. Por lo tanto, en cada tweet, en cada post, en cada opinión vertida, cada periodista pone en juego su prestigio y su credibilidad.

Nada más. Nada menos.


[i] Fidel Castro Ruiz falleció en La Habana, Cuba, el 25 de noviembre de 2016. Este informe fue elaborado en mayo de 2015, un año y medio antes de ese suceso.

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