El rol de los clubes de barrio como factor de inclusión y contención social

Tengo una sensación rara. Gris, desasosegada. Demasiado silencio y oscuridad. Me rodea, me invade. Hoy que mi hijo juega allí, sin dudas soy parte de su comunidad. Tal vez por eso me llegue más. Podría decirse que siempre la integré, aunque en mi niñez mi pertenencia tenía más que ver con la calle. Hoy decir que uno se crió en la calle suena mal, se relaciona más con la sordidez y la marginalidad. Pero hablo de la buena calle. Aquella donde pateábamos una pelota hasta que se hacía de noche y la vieja salía a llamarnos a los gritos cuando ya no se veía nada, donde armábamos y desarmábamos equipos, andábamos en bici, pasábamos las horas entre amigos. No es que no fuésemos nunca al club. Por el contrario, allá jugábamos al flipper y al metegol, y cuando la canchita estaba vacía y el bufetero de buen humor, también al fútbol. Eran épocas en que no teníamos botines, nos poníamos las zapatillas más viejas y allá íbamos a patear hasta que quedaban deshechas. Incluso alguna vez me puse su camiseta. Aún recuerdo que uno de mis días más felices fue cuando el delegado me probó de delantero y allá fui, dubitativo, a apretar al arquero rival, su rechazo apurado me dio en el traste y la pelota terminó en el fondo del arco. Antes y después hice muchos otros goles, más lindos por supuesto, pero ese lo grité como el de la final del mundo. Por eso al club lo siento un poco parte de mí. Por eso me dolió cuando lo vi languidecer como a tantos otros durante los ’90. Por eso me duele verlo nuevamente decaer, ya no comparado con aquel de mi infancia, sino con el de hace unos pocos años, donde parecía haberse dado el milagro de la resurrección, con pibes que iban y venían, había lista de espera para reservar la cancha y los delegados se reunían siempre con asado de por medio. Ahora volvió la soledad, el silencio. La canchita en penumbras. “Para ahorrar electricidad”, me dice el bufetero. En la Argentina donde todo aumenta, el alquiler de la cancha bajó. Si en un principio lo tomé como algo bueno, me engaño. La baja de los precios tiene que ver con la ley de la oferta y la demanda. De la escasa demanda. Ya no tenemos que esperar que termine el turno anterior porque está vacía. Nadie nos apura a terminar porque no hay quien espere. Ni siquiera los pibes más pudientes de los comercios del barrio mantuvieron sus reservas. “Hoy nos vamos a casa temprano de nuevo”, me comenta casi avergonzado el bufetero cuando me pide que lo ayude a cerrar. Silencio y oscuridad. Poco sé de estadísticas y macroeconomía. No me hablen de política partidaria. No hace falta que me expliquen nada. Los clubes de barrio han vuelto a estar en crisis. Demasiado pronto. Por eso quiero compartir este informe que elaboré a fines de 2015. Había bullicio, había luz. Ojalá estemos a tiempo para que vuelvan.

“La mortecina luz de la esquina apenas alcanza para dejar en penumbras la minúscula puerta de entrada. Nada más trasponerla, la potente iluminación de los tubos fluorescentes es un ramalazo de claridad que por un momento enceguece. Flota en el aire un raro aroma a carne al horno mezclado con humo de cigarrillos. Como siempre, el salón permanece semivacío. La única mesa ocupada es la de los habitués, con su mantel de hule, sus ceniceros repletos de colillas y su interminable partida de naipes. Los mismos rostros surcados por arrugas, los mismos gestos duros, las mismas poses atentas, como tótems esculpidos destinados a permanecer incólumes por toda la eternidad. Betty, la bufetera, a modo de bienvenida esboza una seca sonrisa detrás de las gruesas gafas que ocultan su cara de roedor. Acurruca su cuerpo de mimbre junto a la estufa mientras mira con embelesamiento la novela de turno. Es uno de los pocos instantes en que el viejo televisor, con sus imágenes descoloridas y a un volumen atronador, no está sintonizado en un partido de fútbol. En el otro extremo del salón Ricardo, su marido, acarrea con su andar patizambo pilas de platos, vasos y cubiertos. Levanta la cabeza y me saluda guiñando un ojo de su cara de goma, para luego continuar preparando una mesa con excesiva morosidad. Mientras me dejo engullir por la oscuridad del pasillo, empiezo a escuchar el bullicio proveniente de la canchita contigua”[1].

“Cuando el árbitro hace sonar su silbato marcando el final, aprieta los puños, se da un rápido abrazo con sus colaboradores y corre hacia el centro del campo. Allí se reúne con sus jugadores y realiza el ritual de la arenga final. Luego de que éstos saludan y se retiran bajo una lluvia de aplausos, él se queda unos minutos más yendo de aquí para allá. Está emocionado y no quiere que lo vean así, con los ojos húmedos. No es para menos, esta agónica victoria los deja a un solo paso del campeonato. Cuando recupera la entereza, enfila hacia la escalera e ingresa al vestuario. Lo primero que nos sorprendería (a nosotros, no a él) es que no se perciben los típicos olores acres ni el vapor de las duchas. En cambio, se escuchan risas y conversaciones incoherentes de voces muy agudas. Es que sus dirigidos tienen apenas 6 y 7 años”[2].

“El Palacio Municipal se halla sorprendentemente vacío. Hace apenas cuatro horas que comenzó la veda electoral y parece haber sido objeto de una evacuación. A medida que me sumerjo en ese laberinto de pasillos y oficinas desiertos, el eco de mis pasos resuena como en una película de Hitchcock. Cuanto más avanzo, más me convenzo de que mi misión será infructuosa. Sin embargo, a la hora y el lugar convenidos, Juampi, al fin, me está esperando. Lleva un look casual: jeans desgastados, camiseta de Racing y una cara que denota la última noche en vela. Finjo ofensa cuando después del saludo me trata de Usted, y al instante pasamos al tuteo. Se sienta detrás de su escritorio, apaga su teléfono celular y enciende el primer cigarrillo que consumirá durante la charla. Se reclina en su sillón, inspira llenándose los pulmones de humo, y se distiende. Para romper el hielo, le pregunto cómo viene la cosa para el domingo. Hace un gesto elocuente. “Hicimos todo lo posible”, me responde. “Al menos ya podés relajarte”, le digo a modo de consuelo. “No, hasta que no juegue Racing esta noche no me voy a relajar”, me contesta. Definitivamente, ese no iba a ser un buen fin de semana para Juampi”.

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Introducción

Hacia mediados del siglo XIX, tras la Batalla de Caseros, la Argentina iniciaba finalmente el largo y complejo camino de su conformación como nación libre y soberana. Al mismo tiempo, del otro lado del Atlántico, más precisamente en Gran Bretaña, el fútbol comenzaba a estandarizar sus reglas y a ser practicado por un número cada vez más creciente de entusiastas seguidores. La conjunción de estas dos situaciones, que a priori parecen no tener nada en común, se dio con la llegada de los ferrocarriles ingleses a nuestras tierras.

Los trabajadores ferroviarios británicos llegaban con dos atributos infaltables bajo el brazo: una pelota y su entusiasmo por jugar con ella. Ellos fueron quiénes propiciaron que el fútbol estuviera desde su nacimiento, íntimamente ligado al desarrollo de nuestro país. “Si bien el fútbol no se inició a partir de las empresas ferroviarias inglesas, encontró en ellas un buen lugar de difusión. La expansión del tren abrió nuevos pueblos en los alrededores de la reciente Capital Federal, creándose clubes en casi todos ellos. Esto se nota claramente en la línea original del Ferrocarril del Sud (hoy Tren Roca, ramal Pavón), donde encontramos clubes de fútbol en Avellaneda (Racing e Independiente), Gerli (El Porvenir), Lanús (Lanús), Remedios de Escalada (Talleres), Banfield (Banfield), Lomas de Zamora (Los Andes) y Temperley (Temperley), entre muchos otros”[3]. Por allí se puede comenzar a rastrear la comprensión del fútbol como un fenómeno intrínsecamente ligado al ser nacional.

Durante las primeras décadas del siglo XX, en las esquinas de todas las ciudades se fundaba a diario un club sin sede, impulsado generalmente por chicos que soñaban con participar del flamante campeonato de “football”. Y aunque sólo algunos llegaron a hacer realidad sus ilusiones, la gran mayoría de los que no lograron constituirse en clubes con todas las de la ley, pasaron a funcionar como verdaderos centros neurálgicos de la vida social en sus barrios, multiplicando sus actividades deportivas, recreativas y culturales.

Los clubes barriales fueron desde entonces la primera aproximación de los niños a la práctica del deporte y un lugar de encuentro para la comunidad. En las comisiones se discutía apasionadamente, con el fin de mejorar sus acciones. No solo los niños lo disfrutaban en aquella época. Era la cita obligada de todas las familias. Además de realizar eventos deportivos, también se organizaban reuniones sociales como los bailes de carnaval, de navidad y de fin de año. Eran pocas las ocasiones festivas que no concluían en una reunión o fiesta en el club del barrio. Participaban en él casi todos los personajes del vecindario. Concurría toda la familia, el barrio entero. Pero la destrucción del entramado social que se vivió durante la década del ’90 puso a estas instituciones al borde de su desaparición. Lo notable es que en los últimos años han comenzado a resurgir, fomentando que la sociedad vuelva a aproximarse a ellas.

Este trabajo intentará abordar la problemática, los aspectos culturales, políticos y económicos que posibilitaron la consolidación de estas organizaciones sociales propias de nuestro país, que en la actualidad actúan como factor de inclusión y contención social de niños, adolescentes o personas de cualquier edad dentro de su comunidad, a través de espacios recreativos, deportivos, educativos y de ocio.

 

CAPÍTULO 1: ORÍGENES | “Otro invento argentino”

A lo largo de su rica historia, la Argentina exhibió una proliferación de organizaciones sociales que han concentrado las prácticas populares en diferentes manifestaciones de la cultura que van desde deportes, música, bailes, conferencias, hasta discusiones políticas. Estas entidades fueron conocidas popularmente como clubes de barrio y constituyeron un fenómeno original de nuestro país. Surgidos en paralelo al crecimiento de las metrópolis, especialmente en las zonas de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires, prosperaron a la par de otras instituciones como las bibliotecas populares, los centros de fomento y las ya consolidadas sociedades de inmigrantes que existían desde mediados de siglo XIX.

Muchos de estos clubes nacieron a partir de grupos de jóvenes que habían formado un equipo de fútbol y posteriormente creaban el club con diferentes disciplinas. Estas instituciones terminaron siendo espacios que representaban la identidad de los barrios, incluso de algunas ciudades, y establecían patrones de sociabilidad vecinal donde la cultura popular se expresaba en su máximo esplendor.

Sus raíces están fuertemente vinculadas a la inmigración en los albores del siglo XX. “Los “gallegos” , los “tanos”, los socialistas, los comunistas, los anarquistas, los yrigoyenistas, formaron cientos de clubes a principios de siglo. Otro momento importante fue en el ’45 con Perón. Y ahora, éste es un momento muy propicio también”[4], explica Juan Pablo Ragonese, Secretario de Abordaje Territorial de la Municipalidad de Lanús y hombre fuerte de la Unión Nacional de los Clubes de Barrio.

En efecto, durante los años ’20 avanzó en los barrios proletarios -como se decía por entonces- una generación de “cuadros” sindicales que traían del viejo continente sus experiencias en la lucha obrera y estaban atravesados por ideologías de izquierda, por lo que conformaron grupos socialistas y anarquistas, con una clara influencia del Partido Comunista. El historiador Félix Luna alude directamente a “los clubes deportivos comunistas”[5] fundados a partir del ’23, y recoge nombres para nada ajenos a la Revolución Rusa: La Internacional, Alba Roja, Estrella Roja, Juventud Obrera, Unión y Trabajo, El Martillo y la Hoz, Unión Obrera, El Porvenir. Luego del golpe militar conocido como “la Revolución del ’30”, el gobierno de José Félix Uriburu proscribió la actividad política partidaria de radicales y conservadores, como antes lo había hecho con comunistas, socialistas y anarquistas. Por lo tanto, en los años ’30 la actividad política se volcó a los clubes.

ALBA ROJA DECADA 60

Comunidad del club Alba Roja hacia 1960.

La otra etapa reconocida es la del primer peronismo. Ciclo dorado para el deporte nacional, “lo que realizó el peronismo es la primera construcción orgánica de política deportiva estatal en la Argentina (…) El deporte social, estructurado por el flamante Ministerio de Salud Pública y con apoyo de la Fundación Eva Perón, tuvo su máxima expresión con los Campeonatos Nacionales Evita y las Olimpiadas Universitarias, destinados a jóvenes y adolescentes. Estos certámenes que servían como factor de inclusión social y para la detección de nuevos talentos, también propiciaron la aparición de la medicina del deporte, a través de un programa ideado para la elaboración de fichas médicas, atención y seguimiento de todos los participantes”[6]. Las instituciones barriales -clubes, bibliotecas populares, sociedades de fomento- fueron parte de la sociedad civil hasta que el peronismo las inscribió como parte de la sociedad política propia a partir de diferentes actividades partidarias y solución de problemas edilicios que se canalizaban mediante estas entidades.

En resumen, es común encontrarse con historias de clubes deportivos fomentados por militantes comunistas de base durante los años 20 y 30, mientras que a partir de los 40 se vinculan a grupos de trabajadores peronistas con apoyo del Estado.

 

CAPÍTULO 2: DECADENCIA | “El síndrome Luna de Avellaneda”

“El club emblemático del barrio ha vivido en el pasado una época de esplendor, pero en la actualidad se encuentra venido a menos e inmerso en una crisis que amenaza con hacerlo desaparecer, donde la única salida parece ser vender sus instalaciones para construir un casino en el lugar. Ante esta situación, un grupo de socios idealistas lucharán por su supervivencia”. Este es el argumento de la entrañable película “Luna de Avellaneda”, que narra, con sus matices, la realidad de muchas entidades barriales hacia el cambio de milenio a lo largo y ancho del país, tras los coletazos de la década neoliberal”[7].

Screen grab from the trailer of the film Luna de Avellaneda.

Película “Luna de Avellaneda”. Dir. Juan José Campanella. Año 2004.

La evolución y decadencia de estas instituciones fue similar en la gran mayoría de los casos, y la describe con precisión Gustavo Ríos, presidente del club Estrella del Sur desde el año 2011. “El club fue fundado en 1936 y durante los años ’50 y ’60 funcionó como centro recreativo del barrio. Cuando los vecinos volvían de trabajar pasaban a tomar un aperitivo, y jugar a las cartas o las bochas, antes de volver a sus casas. Los jóvenes jugaban al billar y los más chicos al fútbol. Los fines de semana se hacían bailes, peñas, y se prestaba el desaparecido escenario para festejos escolares”. Pero en los ’70, como en casi todos los ámbitos sociales, la actividad decreció, ya que la gente prefería la seguridad de sus hogares. “En los ’80, sólo los fundadores utilizaban sus instalaciones, pero eran cada vez menos y no aparecía un recambio generacional. En los ’90, se cerró hasta el fútbol infantil, y apenas sobrevivía gracias al alquiler de la canchita”[2].

Para entonces, la mayoría de los clubes se encontraban deteriorados y condenados a un inexorable proceso de decadencia. “Durante los ’90 se perdió todo. La salida de los sábados era ir al shopping. En realidad, lo que te proponía el sistema era no salir de tu casa, hacer todo por teléfono. El club empezó a quedar funcionando sólo como un espacio para el trueque, ferias americanas, etc.”[4], rememora Ragonese.

Cambiaron los paradigmas y el centro de la vida social pasó del club a la intimidad del hogar. Por un lado, el auge de las nuevas tecnologías generó una conducta mucho más sedentaria en los chicos. La primera y la segunda infancia de la sociedad actual, en general, pasan sus horas de ocio frente a la televisión. “En la sociedad contemporánea (…) las TICs parecen contener las soluciones a gran cantidad de necesidades básicas, como conocimiento, entretenimiento, información, y pertenencia e integración social”[8].

Por otra parte, la crisis económica propició que miles de personas perdieran sus empleos y vieran pauperizarse sus estándares de vida. “La mayoría de los clubes se levantaron con aportes económicos privados. Hay clubes que son inmensos y te cuentan que la losa la hizo Pascual que era un “tano” que tenía una constructora; el techo lo levantó González que era un “gallego” que tenía una panadería, y todo el aporte era del orden de lo privado. Pero eso en los ’90 se quebró. No había un mango y menos para darle al club. Lo poco que había se repartía en el seno de la familia”[4].

Como agravante, esta situación generó exclusión social y un significativo aumento de la marginalidad. En tal sentido, las calles comenzaron a ser un lugar peligroso y el miedo a la inseguridad se vislumbra en las palabras de Ríos. “Ni bien llegamos al club, debimos afrontar el problema de una “barra” de muchachos que se juntaban en la esquina para tomar alcohol y fumar marihuana, entre otras adicciones. Tuve que ir a pedirles que se vayan a otro lugar, ya que si una mamá trae un nene a fútbol o una nena viene a patín y ve ese panorama, probablemente cambie de vereda y no entre. Y esa persona no vuelve nunca más. Les ofrecí que se junten dentro del club o que si necesitaban utilizar el baño no tenía inconvenientes, pero siempre dentro del respeto hacia la comunidad. Por suerte lo entendieron y no tuvimos mayores problemas”[9].

 

CAPÍTULO 3: RESURGIMIENTO | “Recuperemos el espíritu amateur”

Así y todo, los clubes de barrio en gran número lograron sobrevivir. Lo hicieron gracias a la determinación y el esfuerzo desinteresado de una nueva camada de jóvenes dirigentes deportivos que detectaron que en esas instituciones seguía palpitando el alma popular de las barriadas. “Cuando nació mi hijo, mi generación -yo tengo 36 años- volvió a los clubes de barrio. Se empezó a generar una renovación a través de los delegados, que por lo general tienen entre treinta y pico y cuarenta y pico, y volvieron cuando empezaron a tener hijos para darles la misma educación que tuvieron ellos en el club”[4], relata Ragonese.

Sin embargo, estos nuevos dirigentes encontraron un panorama desolador. “El club había quedado acéfalo y las puertas estaban cerradas, y por estatuto las instalaciones pasarían a los Bomberos Voluntarios. Allí fue cuando varios vecinos me llamaron y entre todos formamos una comisión de emergencia para iniciar el rescate”[10], evoca “Paco” Soutullo, presidente del club Alumni desde 2008. Situaciones similares se repetían en todos lados. “Me acerqué en el 2009 con una propuesta para rearmar el fútbol infantil y me sorprendí al encontrarme que no había ni comisión directiva. Sólo un presidente honorario que cumplía funciones formales”[9], aporta Ríos en relación al club Estrella del Sur.

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Slogan publicitario de la marca deportiva de origen nacional Topper.

Estos dirigentes deportivos trajeron consigo sacrificio y pasión. “El club se mantiene con el alquiler de la cancha de fútbol. Suele estar ocupada entre 3 y 4 horas al día, lo que implica un ingreso de entre 600 y 800 pesos diarios. ¿Cómo logramos con eso mantener la estructura? Con honestidad”[9], completa Ríos con una sonrisa. “Además del alquiler de cancha, tenemos el alquiler del salón y la cancha para fiestas y eventos, uno o dos bingos por año, la cuota social de los chicos de fútbol y las chicas de patín, más algún padre que también se asocia”,[10] agrega Soutullo. “Sin embargo, lo que omite mencionar deliberadamente, es el dinero que muchas veces sale de su propio bolsillo para que no le suspendan el servicio de luz, gas o agua. Dinero que sabe que luego no retornará, pero que es gratificante por el objetivo de brindarles contención a los chicos”[2].

Lo concreto es que esos ingresos alcanzan para solventar el día a día, pero no permiten enfrentar los grandes gastos que demandan las refacciones y las mejoras edilicias. “Para un club es muy complicado llegar a obtener $150.000 juntos. Por ahí los pueden reunir haciendo la rifa, la “tapadita”, el bingo, pero de golpe es imposible. Por eso consideramos lo importante que es fortalecer la infraestructura. Poner todo bien a un club para comenzar a formar dirigentes, como pasaba antes con los mismos fomentistas, que empezaban a pensar el club de la puerta para afuera una vez que tuvieran resueltas sus cuestiones edilicias. El bache de la esquina, la mamá que es golpeada por el marido, el pibe que tiene inconvenientes con su alimentación. Una vez que tiene resuelto su club empiezan a pensar cómo ayudar a la comunidad”[4].

Y como nada es casual, en los últimos años, en coincidencia con la reaparición de un Estado activo, los clubes de barrio empezaron a contar con programas de apoyo para afianzar su sustentabilidad. Allí fue clave la gestión del propio Ragonese. “Como yo ya empezaba a tener contacto con el Ministerio de Planificación, cada vez que iba tomaba la cartilla y preguntaba por la asignación de fondos de distintos programas, hasta que me topé con el Promhib, que es un programa para mejorar espacios edilicios”[4]. La propuesta de Ragonese fue particionar la ayuda para repartirla entre varias instituciones, pero se encontró con una respuesta negativa, ya que los clubes no son entidades estatales. Allí esgrimió un argumento demoledor. “En la provincia de Buenos Aires no hay doble escolaridad. El pibe va a la escuela y a la tarde al club. El Estado le debe al club. Porque los profesores, los delegados, no cobran y sin embargo son educadores de los pibes de nuestras familias. En Buenos Aires no hay playa, no hay cerro, no hay mar, no hay nada. Y los espacios de socialización son la calle o el club de barrio”[4].

 

CAPÍTULO 4: LAS ORGANIZACIONES DE CLUBES | “La unión hace la fuerza”

Luego de muchas idas y vueltas, finalmente el Ministerio de Planificación aceptó la iniciativa de Ragonese. Fue en ese contexto, hacia el año 2011, que comenzaron a aparecer en diversos puntos del país las organizaciones de clubes en procura de los nuevos subsidios. “Hace cosa de 4 años, yo no tenía cargo en el área de deportes, básicamente mi tarea era urbanizar las villas de Lanús, y como una inquietud militante nos empezamos a juntar con dirigentes de clubes de Lanús y Quilmes. Existía una experiencia en Entre Ríos, había otra en Rosario y otra más en Avellaneda. Luego nos juntamos todos y conformamos lo que es la Unión Nacional de Clubes de Barrio. Que tiene su delegación en más de once provincias y cuarenta municipios. Básicamente el núcleo duro va a ser entre Avellaneda, Lanús y Quilmes que somos los tres grupos más fuertes. El presidente de la Unión se llama Claudio Rial y es un compañero de Avellaneda”[4], aporta Ragonese.

Tanto la Unión de Clubes de Avellaneda (UCBA) y la de Quilmes (UCBQ), como la Organización de Clubes de Lanús (OCLA), han conformado un modelo que está siendo replicado en diversos distritos del país. “La próxima semana viene gente de Santa Fe para ver esta experiencia porque quieren armar algo allá. Han repetido el modelo de Lanús en el Partido de la Costa, en Mar de Ajó. Ahora también vamos a formar en Miramar, Mar del Plata, Necochea. A Dolores fuimos la semana pasada”[4].

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“Manu” Ginóbili brinda su apoyo a la Unión Nacional de Clubes de barrio.

La metodología consistió en censar las necesidades de las instituciones adheridas y crear carpetas para cada una. “Yo soy psicólogo, por lo que el concepto fue el de historia clínica y entrevistas deportivas: “¿Qué actividades hacés? ¿Cuántos pibes tenés? ¿Tenés agua caliente? ¿Tenés título de propiedad? ¿Qué necesitás?” Se fue ordenando toda esa información y llevándola al terreno de lo posible. Los fondos no son una gran cantidad. Porque a su vez, como los clubes necesitaban tanto, tuvimos que particionar literalmente en 95 pedazos lo que nos dieron”[4], prosigue Ragonense.

Las uniones de clubes cumplen un rol fundamental en el reparto de las ayudas. “Todos los fondos nacionales llegan siempre a través del municipio, por lo que cada municipio debería contar con una división de clubes de barrio. Las organizaciones lo que hacen es ser veedoras y garantes de que esos fondos lleguen a los clubes y se repartan de manera democrática y con el mismo criterio que tiene que ver con la necesidad”[4].

La implementación de los subsidios se han priorizado por orden de necesidad. En principio se decidió darles primero a los clubes que más lo necesitaban –un techo que se voló, la reparación de un tinglado, agua caliente en los vestuarios-, aunque en una segunda instancia, también se incluyó a instituciones más importantes. “Vos tenés un club como Portela que tiene 1.200 socios, más que El Porvenir y casi como Talleres de Remedios de Escalada. Es un club que tiene una pileta climatizada, judo, handball, acqua dance, lo que sea. El club está en una zona de clase media de Lanús. Se supone que el pibe que va a Portela no precisa mucho. Pero el club le da becas al municipio para que los chicos con síndrome de dawn y discapacidad hagan actividades; un convenio con PAMI para que concurran los jubilados; le presta el gimnasio a la escuela secundaria de la esquina. Es parte del entramado de Lanús. A ellos se les hizo un espacio para que puedan practicar judo y taekwondo”[4].

Para llegar a acceder al beneficio, los clubes deben estar adheridos y para ello sólo depende de su voluntad. “Atendemos a todo el mundo. Si hay 10 pelotas le damos media a cada uno. Pero hay clubes que quieren venir sólo a llevarse el recurso. En ese caso han solicitado entrar y los mismos presidentes les han dicho que no. Vení, participá, integrate, solidarizate. Esa es la condición que les ponemos a los clubes”[4].

 

CAPÍTULO 5: POLÍTICA PARTIDARIA | “Con los chicos, no”

Lo que es innegable, es la fuerte vinculación que estas organizaciones poseen con el kirchnerismo. En Lanús, el pasado 16 de octubre, la OCLA realizó un multitudinario evento para despedir al intendente saliente, y brindarle su apoyo al candidato del FpV, el camporista Julián Álvarez. “El evento del 16 fue para manifestar que vamos a continuar con lo realizado hasta ahora por el intendente. Nada más que eso. Habrá gente que lo vota y gente que no. De hecho, es posible que haya algún club que esté participando menos porque no coincide ideológicamente con nosotros. Pero jamás hicimos política partidaria”[4].

Más allá de esta apreciación, sobrevuela el tema político. Según Ragonese, para las organizaciones la situación tiene que ver más con el pragmatismo que con la política partidaria. “Nosotros les decimos a los dirigentes que no permitan que la política partidaria entre al club. Si los clubes eligen ser oficialistas, como las dos instituciones más grandes del municipio, la Universidad y el club Lanús, es porque es la única forma de obtener acompañamiento. Nosotros tenemos que acompañar al tipo que nos ayuda, que en este caso es el intendente. Los clubes de Vicente López serán del PRO porque estarán más vinculados a Jorge Macri. Por eso les planteamos que si la política partidaria entra al club es un inconveniente. Porque después se confunden las cosas y los pibes de 6 años terminan dirimiendo una interna política en un partido de fútbol”[4].

En estos momentos de alta intensidad política muchos se preguntan qué pasará con todas estas iniciativas en el caso de un cambio de signo político en el gobierno. “No afectaría porque se ha generado un grado de organización tan fuerte que por las buenas, en el diálogo y en el marco de la democracia, del consenso y de la amabilidad entre los dirigentes de los clubes y el intendente de un color político, las cosas creo que fluirían con normalidad. Ahora, si el intendente de ese color político tuviera la intención de romperla o de hacerla a un lado, los clubes saben que tienen que hacer medidas de fuerza más visibles. Es decir, en vez de pedirle una entrevista por carta, como me han dicho, irán 200 directivos y se plantarán en el hall, y hasta que no los atienda el intendente no se retirarán. Porque los clubes ya no se conforman más con 2 latas de pintura”[4].

Incluso, ante la posibilidad concreta de un cambio político, Ragonese asume la cruzada de manera personal. “Yo formo parte de la Unión Nacional de Clubes y por supuesto vamos por más. Me considero el garante político de que la OCLA funcione y me voy a encargar de que siga existiendo más allá del partido que gobierne. Si mañana no tuviera cargo, me dedicaría a asesorar a los clubes porque ellos confiaron en mí y yo no les voy a fallar. Yo soy un dirigente político que en este caso tengo un compromiso con el fútbol de barrio de Lanús y de todo el país”[4], afirma Ragonese.

Soutullo por su parte, aporta otra mirada sobre la intervención del Estado. “Los políticos detectaron que los clubes son una gran vidriera para mostrarse. Al fútbol infantil juegan unos 80 pibes, más 30 nenas que hacen patín artístico. Si le sumamos que cada uno viene con los padres, hermanos, abuelos o algún otro familiar, tenés que se mueven más de mil personas cada fin de semana en torno al club”[10]. Dentro de esa misma línea, Ragonese busca diferenciarse. “En el club Amigos de Escalada los pibes usan remeras que dicen “Grindetti 2015”; en La Luz Barceló, otras que dicen “Nicolás Russo” (candidato a intendente por el Frente Renovador), pibes de 6 años que son carteles de publicidad. Yo en mi club jamás hubiese permitido que se lleve una consigna partidaria. No vas a ver un solo club que en la camiseta diga “Darío 2011” ó “Julián Alvarez 2015”. No hay ninguno. Así no trabajamos”[4].

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Equipo infantil del club La Luz Barceló con la leyenda “Nicolás Russo” en sus camisetas.

 

CAPÍTULO 6: SUBSIDIOS | “Tudo bom, tudo legal”

Como cada lugar en donde se manejan fondos públicos, las sospechas por sobreprecios, amiguismo y clientelismo político están latentes. Seguimos con el caso testigo del municipio de Lanús. “Si bien la ayuda es bienvenida, el procedimiento de asignación de fondos fue cuestionado por varios dirigentes. Una vez destinada la partida presupuestaria, el intendente Darío Díaz Pérez extiende un cheque a los presidentes de los clubes, que a su vez deben entregarlo a las empresas designadas por la Secretaría de Abordaje Territorial de la Municipalidad para realizar las obras, imposibilitándoles buscar sus propios contratistas. Pero no sólo eso, sino que el monto establecido por estas empresas suele superar ampliamente presupuestos solicitados en forma particular. Incluso, algunos directivos también han mostrado disconformidad con los plazos y calidad de las refacciones”[7].

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Díaz Pérez, Ragonese y directivos de clubes de Lanús tras la firma de convenios para siete instituciones.

“Estas quejas son constantes”, señala Ragonese. ”Lo que los directivos no comprenden es que las empresas registradas en el listado del municipio, cumplen con todos los requerimientos legales e impositivos. Hay un caso emblemático de un club que en una reunión me dijo: No, esto es un abuso. Acá la empresa me presupuestó $6.000 de mano de obra y Juancito me pasó $2.800″. “Bueno, que lo haga Juancito, pero traeme la factura”. “Ah no, no tiene, es jubilado”. “Mirá, las cargas sociales de los obreros de las empresas que trabajan en blanco son las que le pagan la jubilación a Juancito y por eso te cobra la mitad de lo que te puede cobrar un obrero de la UOCRA”. Los dirigentes de los clubes también deben profesionalizarse”[4].

Sin embargo, varios han cuestionado esta versión. “Nos asignaron $71.000 para la refacción del baño de mujeres. Cuando observé el presupuesto detallado le pedí al representante de la empresa constructora que se presente y lo revisemos juntos”, relata Soutullo con referencia al club Alumni. “Había cosas disparatadas como $14.500 por desplazar dos metros un tanque de agua. Luego de mucho discutir, finalmente logramos que las reparaciones también incluyeran el baño de hombres y el sector duchas”[10], concluyó.

“La instancia de negociación se abrió siempre”, aporta Ragonese. “Si había dudas con un presupuesto, nos juntábamos e iniciábamos una conciliación entre el club y la empresa. Íbamos y le decíamos a la empresa: “Ayudalos, ¿vos no te criaste en un club? Esto no te cuesta. Dale, hacele esto más esto”. Así estábamos 2 horas, hasta que la empresa firmaba a regañadientes y el club contento. A veces alguno quedaba con la fantasía de algo incumplido, pero lo que pasa es que la inflación genera que cuando proyectás una obra de $100.000 ó $150.000 y la plata llega al año y medio, para los intendentes esa es plata desactualizada. O sea que se complica. Pero aún así, siempre lo que sea es mejor y suma antes que nada”[4].

 

CAPÍTULO 7: LA LEY | “En la dulce espera”

Todas estas polémicas sobre el modo de administrar los recursos estatales, quedarán acotadas en cuanto entre en vigencia la nueva ley. El pasado 17 de diciembre de 2014, el Senado de la Nación sancionó la Ley 27.098 denominada “Régimen de Promoción de los Clubes de Barrio y de Pueblo”[11], tras una iniciativa presentada por el diputado por el PRO, Héctor Baldassi. En aquella oportunidad, el ex árbitro manifestó que estoy feliz. Realmente es increíble para mí y todo el equipo de trabajo. Hace apenas un año que asumí la banca y este proyecto, por el que tanto trabajamos, se convirtió en Ley”[12].

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Los clubes de barrio celebraron la aprobación del proyecto desde los palcos del Congreso.

Sin embargo, Ragonese minimizó el rol protagónico del cordobés. “Ley fue hecha –hasta escrita- por los abogados y los clubes de Lanús, Quilmes y Avellaneda. Redactamos artículo por artículo cada una de las ideas con Ferraresi (intendente de Avellaneda) y el “Barba” (Gutiérrez, intendente de Quilmes), y luego se la llevamos a (Edgardo) Depetri. Baldassi tenía otra. Salió de consenso una ley entre la de Baldassi, la de Claudia Giacone -que es una diputada por Santa Fe- y la nuestra. La presentaron Depetri del lado del FpV y Baldassi por el PRO. Nosotros en esa pelea no nos metimos. Lo que nos importaba era la ley”[4].

La ley está aprobada y promulgada, y en estos momentos se halla en el proceso de reglamentación, por lo que aún no se ha creado el Registro Nacional de Clubes que prevé el Art. 4. Incluso en el Presupuesto Nacional se votaron $300 millones para los clubes de barrio, fondos que deberá manejar el Ministerio de Desarrollo Social a través de la Secretaría de Deportes en forma conjunta con los municipios. “Estamos esperando que pasen las elecciones y desde ahí vamos a empezar con medidas de fuerza de la Unión Nacional de Clubes para pedir que se reglamente”, advierte Ragonese. “Porque cuanto más ahorro le generemos a los clubes, más fondos van a tener para invertir en su propia institución. Hay clubes que están pagando al día de hoy $1.200 de luz, $1.200 de gas. Entonces, si les generamos esos ahorros, el club va a tener al año $30.000 para mejorar. Para eso es indispensable que la provincia de Buenos Aires tenga un régimen de condonación de deuda por reglamentación de papeles y balances, porque los clubes están condenados a la clandestinidad por las enormes multas que habría que sortear para llegar a regularizarlos”[4].

Por su parte, Soutullo exterioriza un pedido de los clubes. “Estamos luchando porque se incluyan los derechos de formación. La mayoría de los futbolistas profesionales iniciaron sus carreras en nuestros clubes pero cuando son transferidos no recibimos reconocimiento alguno. Un buen precedente lo dio el club Lanús, cuando vendió a (Matías) Fritzler a Europa, le pagó por iniciativa propia unos $60.000 al club Las Brisas de Lomas de Zamora por su formación”[10].

La ley estipula, además de la creación del Registro Nacional de Clubes que les permitirá acceder a un presupuesto participativo para obras de mantenimiento, la inembargabilidad de sus inmuebles, una tarifa social básica en los servicios de luz, gas y agua, y asesoramiento legal y contable gratuito, entre otros beneficios. Los recursos deberán provenir del Fondo de Clubes de Barrio, financiado por el gobierno Nacional, más aportes del Enard y donaciones.

 

CAPÍTULO 8: FÚTBOL INFANTIL | “Con los chicos, sí”

El fútbol infantil ha sido históricamente la columna vertebral de la actividad en las entidades barriales y representa la primera aproximación del niño a la práctica del deporte y a la relación con sus pares y adultos fuera de su círculo familiar. Sus objetivos son que los niños conformen grupos de amigos, adquieran valores como el respeto, la solidaridad, el juego limpio y la cooperación, y se diviertan aprendiendo a jugar al fútbol.

Es fundamental que el club de barrio jamás abandone estos objetivos pedagógicos, por sobre las presiones que presupone la competencia. “No se debe perder esa mística de que ingreses a una fiesta de fin de año y el locutor diga “queremos felicitar a la categoría 2008 que salió Nº 14″. En los clubes debe festejarse el 14, el 13, el 4 ó el 25, no se debe festejar solamente el campeonato”[4], señala Ragonese.

Quienes llevan adelante esta tarea pedagógica en los clubes son los delegados, suerte de entrenadores, que también suelen ejercer roles de psicólogo, consejero, chofer y hasta padre sustituto. Esta actividad no cuenta con ningún tipo de remuneración económica, por lo que día tras día, al concluir su habitual jornada laboral, se abocan a lo que es su verdadera pasión. “De lunes a sábados manejo un taxi. Trabajo de día para poder darme una vuelta por el club o ir a la Federación al terminar. Sólo los sábados lo hago de madrugada para quedar libre por la tarde cuando se juega la fecha”[9], detalla Ríos, que además de presidente, es delegado de la categoría 2008 de Estrella del Sur.

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Gustavo Ríos con la categoría 2008 del club Estrella del Sur.

Los delegados que logran una transferencia positiva[13] con los chicos de su categoría fortalecen la sinergia grupal, y son los que establecen relaciones que se convierten en amistades personales.

La infancia es una etapa en la que el niño está formando su personalidad. La presencia de adultos, en especial de los padres, repercute en su formación futbolística y en la construcción de su cuerpo y sus lógicas de relaciones. “El padre suele ser el espejo donde el niño busca identificarse, aunque en muchas ocasiones las frustraciones de ese mismo padre se constituyen en un mandato que culmina siendo una presión para el chico. Por eso, es importante que el niño logre disfrutar de lo que está haciendo, sin que se lo presione y sin que se le diga de afuera lo que tiene que hacer”[13].

Por lo tanto, la premisa de todos los delegados es mantener una relación fluida, cordial y amena con los padres, y a partir de tener este tipo de vínculo, el trabajo se les hace un poco más fácil. Es complicado poder enseñarle al chico si no se lleva bien con su padre o madre, porque pueden aparecer interferencias en la comunicación que tienen los adultos. Esto puede producir que un adulto le diga una cosa y el otro le diga otra, y el niño no sepa a cuál de los dos debe hacerle caso.

Los chicos están en la mejor edad para el aprendizaje, y los delegados se valen de diversos métodos para transmitirles sus conocimientos prácticos y teóricos. “Les enseñamos nociones básicas de técnica y de táctica como prioridad. Algunos todavía están aprendiendo cómo parar la pelota, y con otros ya planificamos estrategias, pero siempre a través del juego o jugando, que se diviertan y que participen, aunque sin dejar de lado el clima de respeto”[9], cuenta Ríos.

El fútbol infantil se estructura en ligas locales para niños y niñas de 6 a 13 años, por lo que culminan su etapa formativa cuando ingresan a la preadolescencia. “Siempre me quedé con la sensación de que me fui como expulsado del club, ya que como no tenía la posibilidad de seguir jugando al fútbol, el club ya no me contenía. Yo lo veía que era como una moda egresar del club y estaba naturalizado que allí se daba un quiebre, pero era un quiebre traumático”[4], detalla su experiencia personal Ragonese. Por esta razón, varios dirigentes en la actualidad evalúan la posibilidad de armar equipos de categorías mayores por fuera de la liga para darles contención a esos chicos y que no queden desamparados por el club a una edad tan crítica.

 

CAPÍTULO 9: CUPO FEMENINO E INCLUSIÓN | “Con las chicas, también”

En los últimos años, en los clubes se ha incrementado el número de mujeres que participan motivadas por sus hijos que desempeñan alguna actividad. Algunas instituciones cuentan con disciplinas femeninas como handball, vóley o gimnasia deportiva, pero lo que es una constante en casi todas ellas es el patín artístico. “Al principio sólo le alquilábamos el espacio a las profesoras. Pero cuando se fueron, nos dimos cuenta de la importancia que tenía esta disciplina para la comunidad. A partir de allí buscamos nuevas instructoras que sean del club y comenzamos a competir en la liga”[10], menciona Soutullo la experiencia del club Alumni.

Pero siempre polémica es la participación femenina en el fútbol infantil. Las dificultades que encuentran las niñas para integrarse a los equipos masculinos, “no hacen más que poner de manifiesto sin disimulo la lógica machista que aún impera en el deporte. Ese es el contexto en donde el fútbol femenino lucha en desventaja por ganar su lugar en un mundo que le es hostil”[14].

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La Unión de Clubes de Barrio está a favor de la inclusión de la mujer.

Sin embargo, quizás el prejuicio sea más social. En el caso de muchas chicas, estas desigualdades se reproducen en sus propias casas, en donde el fútbol es visto como un deporte de hombres. Mónica Santino, entrenadora de fútbol y militante social, cuenta que “las chicas decían que no podían jugar por el machismo, pero cuando preguntábamos quién se los impedía, las respuestas eran mi mamá, mi tía o mi hermana”[15]. Esta lógica de proteger a las niñas en un ambiente machista también fue destacada por la árbitra internacional Salomé Di Iorio, cuando señala que “la sobreprotección, eso de cuidarte por tu propio bien, es la excusa que encuentran los machistas para bloquearte las posibilidades de crecimiento”[16].

En la actualidad, como respuesta a un reclamo de igualdad de género, las ligas infantiles son mixtas. Si bien aún no conforman un número significativo, cada vez se ven más nenas en los equipos. Santino entiende que “es bueno que todos los clubes tengan fútbol infantil mixto para utilizar un programa de entrenamiento existente y no tener que abrir una escuela de fútbol femenino, porque eso atenta contra la integración. Hoy muchas chicas empiezan a jugar a los 16 años, o un poco después y les faltan años de preparación”[15].

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Mónica Santino, entrenadora femenina en la Villa 31, lucha por un fútbol infantil más igualitario.

Por su parte, Ragonese puntualiza que “hoy la inclusión es completa. En la liga no sólo hay incluidas nenas sino también discapacitados. En el club Santa María hay un chico categoría 2008 llamado Uriel que le falta una pierna y tiene ano contranatura y juega… y cómo juega”[4]. A partir de la intervención del Estado en los clubes, se comenzaron a realizar capacitaciones y acciones antidiscriminación con el INADI, para combatir todo lo que genera el roce durante la competencia. Hoy los delegados cuidan especialmente el trato entre los chicos. “Le pido a cada delegado que esté atento a la relación entre los chicos. Que no haya competencia, que no hagan bullying. Y por supuesto, que los traten con respeto. Hay clubes en donde, con los nervios del partido, se los maltrata. Eso no debemos permitirlo”[9].

 

CAPÍTULO 10: FUNCIÓN SOCIAL | “Movida solidaria”

En estos últimos tiempos, los clubes y sociedades de fomento se han debido adaptar a una nueva realidad. Debieron renovar sus premisas, y han resurgido como eslabones necesarios de ese cambio. Clubes que se enfrentaban por las competencias deportivas, sociedades de fomento que llevaban cloacas o construían bibliotecas, hoy redoblan el esfuerzo para estar presentes en el acontecer comunitario y aportar soluciones a los problemas de la gente. En zonas de bajos recursos, ceden el lugar para la distribución de bolsas de comida, alojamiento de evacuados ante una inundación, o para la entrega de colchones y zapatillas.

Sin lugar a dudas, estas asociaciones conforman la tercera pata en la educación de nuestros hijos, después de la familia y la escuela. Hay por cierto una gran colaboración hacia el sector educativo. Por eso, especialmente en lugares con altos niveles de deserción escolar, los clubes se prestan para que la escuela del barrio haga sus clases de educación física u ofrezcan cursos de apoyo escolar con profesores. “Si le cobrás al colegio público de la zona, no le tenés que cobrar. Esa es la condición que les ponemos a los clubes para las escuelas”[4], aporta Ragonese.

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Los clubes suelen participar en acciones solidarias.

En definitiva, los clubes barriales contribuyen a mejorar la calidad de vida e igualdad de oportunidades para los niños, jóvenes, adultos y ancianos (en especial, en estado de vulnerabilidad), permiten la identificación del individuo con su barrio, y ayudan a combatir la marginación en algún sector de la comunidad a la que pertenecen, a la vez que enseñan el valor de la actividad física y su importancia para la salud. Dependiendo de la edad de las personas que concurren, se implementan diversas actividades: deportes varios, grupos etarios, salidas recreativas y turísticas, espacios de comunicación, de educación, de alimentación, de salud y de formación laboral, entre otros eventos sociales que fomentan el establecimiento de lazos sociales entre el sujeto y su comunidad.

Si bien las características de estas entidades no son homogéneas, se puede observar que los clubes de barrio han percibido las transformaciones que se produjeron en su entorno social. En la actualidad, los municipios, con ayuda estatal, pueden descentralizar en estas instituciones funciones de bienestar público, que les eran propias y se realizaban de forma desordenada y poco clara en el pasado.

 

Conclusión

Muy atrás en el tiempo quedaron aquellos entrañables clubes barriales habitados por “tanos”, ”gallegos”, “rusos” y “polacos”, entre otros, que los crearon buscando contar con un espacio de reunión, en gran medida para enfrentar la melancolía del destierro. También atrás ha quedado el primer gobierno de Perón, con su “Estado Benefactor” y sus políticas orientadas al deporte que propició la formación de otras tantas entidades.

Muchos años han pasado desde entonces, y luego de quedar al borde de la desaparición, golpeados por la crisis económica y los cambios demográficos y sociales, estas instituciones lograron resurgir empujadas por el tesón de aquellos pibes de ayer, que sintieron que con el club desaparecería una parte de su identidad. La irrupción de un Estado socialmente activo, propició las condiciones necesarias para que estas instituciones disfruten en la actualidad de un nuevo e impensado apogeo.

Hoy, tanto en la Capital Federal como en el Gran Buenos Aires y distintos puntos del país, existen cientos de clubes de barrio que en algunos casos pasan casi inadvertidos. Sin embargo, la mayoría realiza invalorables aportes a la comunidad a través de una amplia actividad social donde niños y jóvenes asisten para practicar variados deportes, e incluso la gente mayor, en muchos casos agrupadas en centros de jubilados, se reúne en torno a los juegos de mesa, el turismo social y la música, especialmente el tango.

El Estado se ha constituido en un actor central en la nueva dinámica de estas instituciones. Todo lo que hagamos por la recuperación y el fortalecimiento de los clubes de barrio lo estaremos haciendo por nosotros mismos como sociedad. Y, sobre todo, por los más chicos, en especial por todos esos pibes de los sectores más vulnerables, para que encuentren espacios reales de inclusión en una Argentina que los necesita para construir un futuro mejor para todos.

 

Apéndice

Ley 27.098

Régimen de Promoción de los Clubes de Barrio y de Pueblo.

Sancionada: Diciembre 17 de 2014

Promulgada de Hecho: Enero 20 de 2015

El Senado y Cámara de Diputados de la Nación Argentina reunidos en Congreso etc. sancionan con fuerza de

Ley:

RÉGIMEN DE PROMOCIÓN DE LOS CLUBES DE BARRIO Y DE PUEBLO

ARTÍCULO 1° — Objeto. Institúyase el Régimen de Promoción de los Clubes de Barrio y de Pueblo destinado a la generación de inclusión social e integración colectiva a través de la promoción, fortalecimiento y desarrollo de los clubes de barrio y de pueblo mediante la asistencia y colaboración, con el fin de fortalecer su rol comunitario y social.

ARTÍCULO 2° — Definición. Defínase como clubes de barrio y de pueblo a aquellas asociaciones de bien público constituidas legalmente como asociaciones civiles sin fines de lucro, que tengan por objeto el desarrollo de actividades deportivas no profesionales en todas sus modalidades y que faciliten sus instalaciones para la educación no formal, el fomento cultural de todos sus asociados y la comunidad a la que pertenecen y el respeto del ambiente, promoviendo los mecanismos de socialización que garanticen su cuidado y favorezcan su sustentabilidad.

ARTÍCULO 3° — Autoridad de aplicación. La Secretaría de Deportes dependiente del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, es la autoridad de aplicación de la presente ley.

ARTÍCULO 4° — Registro. Créase el Registro Nacional de Clubes de Barrio y de Pueblo en el ámbito de la Secretaría de Deportes, dependiente del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, que tendrá como objeto identificar y clasificar a cada club de barrio y de pueblo, resguardar a los mismos y proteger el derecho de todos quienes practiquen deporte o realicen actividades culturales en sus instalaciones.

ARTÍCULO 5° — Inscripción. Podrán inscribirse en el registro aquellas instituciones definidas en el artículo 2° de la presente ley que cumplan con los siguientes requisitos:

a) Poseer personería jurídica vigente y domicilio legal en la República Argentina;

b) Acreditar una antigüedad mínima de tres (3) años desde su constitución formal;

c) Poseer una cantidad mínima de cincuenta (50) asociados y una máxima de dos mil (2.000) socios al momento de la inscripción.

ARTÍCULO 6° — Funciones. La Secretaría de Deportes, dependiente del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, en su carácter de autoridad de aplicación tiene como funciones lo siguiente:

a) Implementar el Registro Nacional de Clubes de Barrio y de Pueblo que establecerá los requisitos que debe cumplir la entidad para ser admitida e inscripta en el registro facilitando los trámites de inscripción;

b) Controlar y constatar que la solicitud se adecue a la necesidad real de la entidad;

c) Analizar la situación financiera de la entidad inscripta;

d) Organizar, administrar y coordinar la asignación de la ayuda económica al club de barrio y de pueblo inscripto en el Registro Nacional de Clubes de Barrio y de Pueblo determinando en función de las necesidades de cada entidad el monto de la asignación de fondos que se designará y que deberá ser invertido a fin de mejorar la infraestructura y servicios de la entidad;

e) Inspeccionar, auditar y controlar periódicamente que los fondos asignados al club de barrio y de pueblo sean utilizados con los fines para lo que fueron otorgados;

f) Verificar el cumplimiento de la rendición de cuentas de cada una de las entidades.

ARTÍCULO 7° — Confección y presentación. Los estados contables elaborados por las entidades mencionadas en el artículo 2°, que arrojen un ingreso anual equivalente a la categoría G del régimen de monotributo tendrán carácter de declaración jurada previa aprobación por mayoría absoluta en asamblea. Asimismo, deberá contar con la firma conjunta del presidente y el tesorero, siendo documento suficiente para la presentación ante el organismo recaudador.

ARTÍCULO 8° — Unidad de asistencia. La Secretaría de Deportes de la Nación organizará una unidad de asistencia a los clubes de barrio y de pueblo compuesta por personal idóneo que tiene como objetivo asistir y asesorar a las entidades con el fin de facilitar el cumplimiento de los requisitos necesarios para inscribirse en el Registro Nacional de Clubes de Barrio y de Pueblo. Por única vez, las instituciones contarán con una prórroga de tres (3) meses para confeccionar sus estados contables a fin de regularizar la mencionada situación.

ARTÍCULO 9° — Asignación de fondos. El procedimiento de asignación y control de fondos para el régimen instituido será reglamentado por la autoridad de aplicación de la presente ley.

ARTÍCULO 10. — Presupuesto participativo. La autoridad de aplicación creará y reglamentará un esquema de presupuesto participativo en el marco del cual las entidades registradas podrán participar en la elaboración de una parte del presupuesto anual asignado. Las entidades podrán entender, contribuir y proponer en la distribución de recursos teniendo en cuenta sus necesidades.

ARTÍCULO 11. — Destino de fondos. La ayuda económica dispuesta en el inciso d) del artículo 6° debe destinarse exclusivamente a:

a) Mejorar las condiciones edilicias del club de barrio y de pueblo;

b) Adquirir insumos o materiales para desarrollar o potenciar actividades deportivas o culturales;

c) Contratar servicios para mejorar o facilitar el acceso de los socios a eventos deportivos o culturales;

d) Contratar recursos humanos para la instrucción de deportes o en actividades artísticas;

e) Capacitar a los directivos y trabajadores que desempeñen tareas en las entidades;

f) Organizar actividades culturales o deportivas;

g) Promover la difusión de las actividades que se realicen en las entidades;

h) Promover programas de medicina preventiva garantizando el acceso a la información en salud;

i) Establecer programas y estrategias de prevención primaria en materia de adicciones;

j) Solicitar ante la autoridad competente el otorgamiento de la personería jurídica y la aprobación de sus estatutos sociales;

k) Establecer medidas de seguridad de infraestructura y/o edilicias.

ARTÍCULO 12. — Inclusión de las personas con discapacidad. Los clubes de barrio y de pueblo deberán procurar los ajustes razonables a fin de adaptar sus instalaciones a las necesidades y accesibilidad de las personas con discapacidad, y asimismo realizar actividades deportivas, culturales, de esparcimiento y demás actividades que estén dentro de la esfera societaria, con el objeto de incluir a las personas con discapacidad.

ARTÍCULO 13. — Procedimiento de asignación. El procedimiento de asignación de fondos para la aplicación de la ley será implementado por el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación.

ARTÍCULO 14. — Sanción. Serán sancionados con multas de hasta el equivalente al valor de treinta mil (30.000) litros de nafta común según precio de la empresa YPF S.A. (Yacimientos Petrolíferos Fiscales S.A.) aquellos clubes de barrio y de pueblo cuyos directivos utilizaren indebidamente los fondos asignados o de cualquier forma transgredieran total o parcialmente el destino para el cual fueron asignados los subsidios otorgados, sin perjuicio de que el hecho constituya delito penado por el Código Penal de la República Argentina.

ARTÍCULO 15. — Recursos. Los recursos necesarios para la aplicación de la presente ley provendrán de los fondos determinados por la reglamentación y de recursos propios del Tesoro de la Nación establecidos anualmente en el presupuesto de recursos y gastos de la Nación.

ARTÍCULO 16. — Beneficiaria. La entidad que se encuentre inscripta en el Registro Nacional de Clubes de Barrio y de Pueblo será beneficiaria de una tarifa social básica de servicios públicos. La implementación y determinación de la tarifa social básica estará a cargo de la autoridad de aplicación, la que se encuentra facultada para:

a) Establecer los criterios según los cuales se determinarán los beneficios y beneficiarios de la tarifa social básica;

b) Celebrar los convenios respectivos con empresas prestadoras de servicios públicos y con los entes reguladores de servicios públicos;

c) Supervisar la puesta en marcha y el funcionamiento de las estructuras operativas en las diversas jurisdicciones;

d) Verificar la correcta aplicación de la tarifa social básica por parte de las empresas prestatarias de servicios.

Asimismo los entes reguladores de servicios públicos deberán implementar, incorporar y adecuar en sus cuadros tarifarios la tarifa social básica creada por la presente ley.

ARTÍCULO 17. — Inembargabilidad. Los bienes inmuebles que estén afectados a los fines deportivos, recreativos y sociales que sean propiedad de los clubes de barrio y de pueblo inscriptos en el registro nacional creado en el artículo 4° de la presente ley no serán susceptibles de ejecución o embargo por deudas posteriores a su inscripción como tales, con excepción de las obligaciones provenientes de impuestos o tasas que graven directamente a los mismos; las derivadas de prestaciones laborales a favor de la entidad o provenientes de deudas por aportes de previsión y seguridad social; por créditos otorgados por entidades financieras públicas y privadas y otras entidades oficiales, para construcción o mejoras introducidas en los mismos y por subsidios provenientes de organismos oficiales, nacionales, provinciales, municipales o de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

ARTÍCULO 18. — Derecho de propiedad. Asegúrese el derecho a la propiedad para aquellos clubes de barrio y de pueblo que tengan sus sedes construidas en terrenos fiscales.

ARTÍCULO 19. — Invitación. Invítese a las provincias y a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a adherir a la presente ley.

ARTÍCULO 20. — Abrógase la ley 26.069.

ARTÍCULO 21. — Cláusula transitoria. Durante el lapso de ciento ochenta (180) días a partir de la vigencia de la presente ley, los clubes de barrio que acrediten una actividad mayor a diez (10) años podrán solicitar la inscripción como persona jurídica y, en este caso, la Inspección General de Justicia deberá imprimir un trámite sumario y simplificado a los fines de otorgar dicha personería jurídica.

ARTÍCULO 22. — Comuníquese al Poder Ejecutivo nacional.

DADA EN LA SALA DE SESIONES DEL CONGRESO ARGENTINO, EN BUENOS AIRES, A LOS DIECISIETE DIAS DEL MES DE DICIEMBRE DEL AÑO DOS MIL CATORCE.

[1] Texto descriptivo “El club” elaborado para el taller La Noticia Deportiva: Abordaje y Redacción – Prof. Hugo Biondi.

[2] Extracto del TP “Perfil de un Dirigente Deportivo: Una Estrella brillante en el Sur” para la materia El Periodismo Deportivo en la Sociedad Actual – Prof. Ariel Senosiain.

[3] Extracto del TP “Origen, historia y desaparición: Lanús Athletic Club” para la materia Origen e Historia del Fútbol Argentino y Latinoamericano – Prof. Alejandro Fabbri.

[4] Entrevista a Juan Pablo Ragonese. Lanús, 23/10/2015.

[5] Revista “Todo Es Historia”, año 2004.

[6] Extracto del TP “La influencia del Periodismo en la construcción de la identidad nacional” para la materia Origen y Desarrollo del Periodismo Deportivo en Argentina – Prof. Hugo Biondi.

[7] Extracto del TP “El arduo camino de los Clubes de Barrio frente al desafío de volver a ser” para la materia Investigación Periodística – Prof. Pablo Carrozza.

[8] Extracto del TP “La mediatización de la cultura y el deporte” para la materia Origen y Desarrollo del Periodismo Deportivo en Argentina – Prof. Hugo Biondi.

[9] Entrevista a Gustavo Ríos. Lanús, 1/10/2015.

[10] Entrevista a Manuel Francisco Soutullo. Lanús, 6/10/2015.

[11] Ver Apéndice con el texto completo de la ley.

[12] Diario La Voz del Interior. 20/12/14.

[13] Conceptos vistos en la materia La Psicología y el Deporte: Asimilaciones y Superaciones – Prof. Juan Manuel Brindisi.

[14] Extracto del artículo “Indumentaria: Entre la “cosificación” y el marketing” del blog http://elfutfem.blogspot.com.ar/ creado para la materia Tecnología y Periodismo: Recursos, herramientas y aprovechamiento de las redes sociales – Prof. Esteban Magnani / Mariano Mancuso.

[15] Charla brindada por Mónica Santino en el marco de la materia “Periodismo Deportivo y Género” – Prof. Ángela Lerena.

[16] Charla brindada por Salomé Di Iorio en el marco de la materia “Periodismo Deportivo y Género” – Prof. Ángela Lerena.

 

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