La Violencia en el Deporte contemporáneo

Aclaración preliminar: En el curso de este trabajo encontraremos la frase “barra brava” de 3 modos: la “barra brava” como organización, el barra brava como individuo y barrabrava como adjetivo.

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Los hechos de violencia contemporáneos se han constituido en parte integrante del espectáculo deportivo. Tal como menciona el texto disparador de este trabajo (Los Medios de Comunicación y las Representaciones -Javier Szlifman, UBA-), la evolución de la violencia en el fútbol ha seguido un in crescendo a partir de su transformación en deporte masivo. Su inserción cultural se ha potenciado exponencialmente con la influencia de los medios de comunicación, traspasando clases sociales y funcionando como canalizador de la catarsis colectiva. La calificación de los violentos también ha variado de acuerdo a la inserción del fútbol en la sociedad y la representación de los hechos por parte de los medios. De este modo, han pasado de ser sólo inadaptados ajenos al hecho deportivo (hasta años ’40), a una etapa de delito contra la sociedad cuando el fútbol ya se había constituido en un hecho social (hasta años ’60), comenzando con las primeras organizaciones por jerarquías donde el periodismo no sólo comunicaba sino que asumió un rol cuestionador (hasta años ’90), hasta llegar a la estructura actual perfectamente organizada y enraizada en distintos estamentos de la sociedad (desde años ’90 hasta el presente).

En la actualidad, las ”barras bravas” se han devenido en actores primarios del espectáculo deportivo, alcanzando similar jerarquía social de futbolistas, técnicos y dirigentes. Su estructura posee tal complejidad que forma parte de un entramado con la propia dirigencia, políticos, sindicalistas, policía y jueces. Es por ello que la representación que de ellas tengan los medios, dependerá de sus intereses políticos y económicos, y exigirá atención del lector, oyente y/o el telespectador para interpretar los símbolos que recibe.

Silencios, omisiones y gas pimienta

Un buen ejemplo de esto último podemos encontrarlo al revisar la cobertura de los incidentes del último Boca-River (14/05/15) (1er. caso de análisis). Si bien las consecuencias no fueron graves, su trascendencia sí lo fue y marca a las claras los diversos discursos y posturas del periodismo frente al hecho, según los medios a los que responden. Si se observaba la transmisión televisiva de FOX Sports (perteneciente a la empresa Torneos, socia de Boca y River), se consideró siempre el carácter patológico e individual de los violentos, ignorando las responsabilidades del club Boca Juniors, ya sea por complicidad o ineptitud. Por su parte, la televisación de la TVP si bien comenzó por los mismos derroteros, pronto viró hacia la ineficacia de la seguridad interna del club, y recayó toda la responsabilidad en el presidente Daniel Angelici, de íntima relación con Mauricio Macri, referencia opositora al Gobierno Nacional.

El periodismo escrito realizó sus propias interpretaciones. Medios oficialistas como Página/12, se encolumnaron en cargar las tintas contra la dirigencia de Boca y sus vinculaciones, ya no sólo con el PRO. sino con sectores de la policía e inteligencia funcionales al Jefe de Gobierno porteño. Por su parte, la prensa opositora con el Grupo Clarín y el diario La Nación a la cabeza, se ocuparon de destacar la connivencia de la “barra brava” xeneize con el kirchnerismo, y recordaron la creación de Hinchadas Unidas Argentinas con motivo del Mundial de Sudáfrica, una suerte “barra brava oficial” argentina.

En el medio de todo este cruce de interpretaciones, mientras el Secretario de Seguridad Sergio Berni sorprendía calificando a la actuación policial y al operativo como “exitosos”, el propio presidente de Boca insistió con el argumento de que la acción fue llevada a cabo por “tres inadaptados” (hecho extemporáneo y excéntrico) y remarcó que sin voluntad del poder político es imposible solucionar el tema de la violencia, transfiriendo la responsabilidad a las autoridades nacionales. Angelici, al igual que la casi totalidad de los dirigentes deportivos, es cómplice y rehén de los violentos a partes iguales, y adhiere a la línea que manifiesta preferir tenerlos dentro del club y controlados que fuera y salvajes.

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Jugadores de River afectados por el “gas pimienta”.

Todos los argumentos son válidos pero en todos ellos coexisten omisiones. El entramado social de la “barra brava” es tan complejo que excede a un solo sector. Allí se nuclean diversas circunstancias. La acción de arrojar el líquido sobre los jugadores de River evidentemente fue realizada por pocas personas, pero se desprende de allí también que dicha acción requiere de una logística mucho más compleja. La estructura jerárquica de cualquier “barra brava” le otorga un poder parapolicial a sus líderes en las tribunas que dominan. Ninguna acción ilícita se realiza en estos lugares sin el aval de los patrones de esos sectores. Otro factor que no puede ser omitido es la ausencia de la seguridad privada del club, lo que habla de una zona liberada por parte de éstos, dado que la Policía Federal no puede ingresar a las tribunas (lo veremos más adelante). La cooperación entre la “barra brava” y la seguridad es bien conocida, pues esta última es la que les franquea la entrada, les guarda las banderas, etc.

Vale destacar que la conversión de hechos aislados en un fenómeno social llevado adelante por grupos organizados con raigambre en diversos estamentos, propició también la aparición de una nueva subcategoría en franco crecimiento dentro del periodismo deportivo: el especialista en violencia. Gracias a la actitud pionera de Gustavo Grabia, y posteriormente a Pablo Carrozza, Florencia Aietto, y la ONG Salvemos al Fútbol del Dr. Mariano Bergés, se pudo echar luz sobre este complejo entramado social.

La masificación de los medios de comunicación y la aceptación de los barra brava como actores sociales, permitió que aquellos personajes siniestros y marginales, de pronto comenzaron a hacerse públicos, tornándose en figuras mediáticas reconocidas. Desde aquellas primeras apariciones de José “El Abuelo” Barritta, pasando por la presencia permanente de “El Gordo Santana” en el VideoMatch de los ’90, hasta las figuras de Rafael Di Zeo, Mauro Martín, “Bebote” Alvarez, Alan Schlenker o Adrián Rousseau, mostrándose en diferentes medios, parecieron legitimar su rol ante la opinión pública como personajes socialmente aceptados y hasta necesarios para el espectáculo deportivo.

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Mauro Martín y Rafael Di Zeo, los mediáticos líderes de la barra brava de Boca.

Esta aparición de modelos mediáticos propició que hinchas comunes, no ya de sectores carenciados sino de clase media acomodada, empezaran a comportarse e imitar las formas de los barras, a viajar y convivir con ellos. De a poco se fueron insertando en su dinámica y comenzaron a participar de pequeñas porciones del negocio. Este caso de proto-barra es el de Adrián “Panadero” Napolitano, el imputado por el ataque a los jugadores de River.

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Adrián “Panadero” Napolitano, autor de la agresión a los jugadores de River.

Para algunos, esta suerte de legalización del barra brava podía suponer una solución al problema de la violencia. Pero lejos de ser así, no ha parado de crecer. Como ya fue dicho, la “barra brava” se ha transformado en una organización social perfectamente estructurada, que se ha perfeccionado en el manejo de millonarios negocios ilegales vinculados con el mundo del fútbol. A cambio de libertad para esos negocios, ofrecen suculentas tajadas del botín y su fuerza de choque a dirigentes, políticos y sindicalistas. Como es imaginable, semejante espacio de poder es ejercido con mano dura y todos aquellos que quedan fuera de él es natural que quieran conquistarlo. Tal como ocurría en la Roma Imperial, nadie puede dormir tranquilo porque las traiciones están a la vuelta de la esquina. Esto fomentó que a la sombra de la de por sí ya compleja estructura de la “barra brava” surgiera un nuevo sector de individuos deseosos de hacerse con esos
jugosos botines: las barras disidentes.

La nueva configuración del barra brava

Si alguien pensó que la ausencia del público visitante podía no ser una solución pero al menos comenzar a tranquilizar la cuestión, las luchas de poder entre ambos sectores no han hecho más que recrudecer los hechos de violencia. Si antes se peleaba con la barra rival para ver quién tenía más “aguante”, hoy son luchas internas aún más feroces porque se encuentra una millonaria suma de dinero de por medio.

Tal vez el hecho paradigmático de estas luchas intestinas sea “La Batalla de los Quinchos” en River Plate (11/02/07) y que después de varios cruces más, tuvo como corolario meses después, el asesinato de Gonzalo Acro (09/08/07) (2do. caso de análisis). Tanto Clarín como Olé, no ahorraron detalles para contar la trama interna de “Los Borrachos del Tablón”, la “barra brava” de River, como si se tratara de una novela policial. La crónica futbolística quedaba en segundo plano y seguían atentamente los devenires entre las facciones de Adrián Rousseau y la de los hermanos Alan y William Schlenker.

Cuando ocurrió el asesinato de Acro, un ajuste de cuentas con metodología mafiosa, el periodismo deportivo dejó al descubierto los alcances del negocio barrabrava y la red de complicidades. Así se supo que Acro había sido empleado de River con un sueldo muy alto para realizar tareas de mantenimiento, íntimamente vinculado a José María Aguilar, presidente en aquel momento de la institución. También fueron develados los montos del botín que estaba en juego cada fin de semana de fútbol.

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Gonzalo Acro fue asesinado en medio de la feroz interna de la barra brava de River

En su edición del 10/08/07, La Nación publicó varios artículos haciendo foco en la protección que recibió Aguilar de parte de Aníbal Fernández, entonces Ministro del Interior, llevando la red de complicidades hasta la mismísima Casa Rosada. Y del enfrentamiento abierto del mundo del fútbol con la Justicia por su falta de respuestas. De este modo concluyeron que la violencia “se trata de una guerra perdida porque nadie la
asume”.

Este hecho contribuyó a establecer un nuevo paradigma de barra brava. A Acro lo balearon un día martes a la salida de un gimnasio. Quedó claro que ser barra brava ya no sólo implica ocupar el paravalanchas los domingos, sino que se ha constituido un trabajo a tiempo completo que trasciende los escenarios deportivos. Si durante los años ’80 se asociaba a los violentos con la clase baja y sectores marginales, el “caso Acro” develó que con la complejidad de la organización, ahora el barra brava respondía a otro estamento social.
Acro fue definido como “un chico acomodado, de clase media-alta egresado de un colegio privado de Belgrano, e incluso, llegó a iniciar la carrera de periodismo deportivo que abandonó por su vinculación con Los Borrachos del Tablón” (Clarín 09/08/07).

La televisión montó su ya consabido show mediático en torno a los principales actores de esta tragedia. Los hermanos Schlenker y Rousseau parecían ideales para un reality-show: eran bien parecidos, siempre elegantemente ataviados, anteojos negros, cumplían perfectamente con los cánones televisivos. Comenzaron a desfilar por los diversos canales como si fuesen estrellas de cine (espectacularización de la intimidad) y como ya fue dicho, se convirtieron en personajes socialmente aceptados, y por lo tanto legalizados.

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Los hermanos William y Alan Schenkler, imputados por el crimen de Gonzalo Acro.

El verdadero rol de la policía en los espectáculos deportivos

Toda esta guerra pública y declarada, con conexiones dirigenciales, políticas y judiciales, sería imposible sin la participación policial, ya sea por complicidad u omisión. Las zonas liberadas son necesarias para “hacer negocios” y a cambios reciben participación de los beneficios económicos. No podemos obviar que la autoridad policial, en especial en un principio, funciona como la némesis de las viejas “barras bravas”, y sus enfrentamientos tan violentos, que poseen su propio historial de muertes en el fútbol. Tal es el caso de Javier “El Zurdo” Gerez (10/06/13) (3er. caso de análisis), hincha de Lanús asesinado por un disparo de bala de goma efectuado por un efectivo de la Bonaerense. Este hecho contribuyó a la decisión política de retirar la policía de las tribunas en los partidos de fútbol.

Podemos observar que en la crónica del suceso, La Nación (11/06/13) destacó el rápido accionar del entonces ministro de Seguridad bonaerense, Ricardo Casal, separando a tres policías del alto rango de la Fuerza. El mismo medio, estableció que la víctima “tenía vínculos con el Sindicato de Camioneros y solía ubicarse a un costado de la hinchada, con una bandera que aludía al líder de la CGT opositora, Hugo Moyano”. Por su parte Clarín (11/06/13), resaltó que Gerez “formaba parte de la Subcomisión del Hincha de Lanús y que por ser miembro del Sindicato de Camioneros facilitaba la movilidad del cotillón de la barra (pero) él nunca se subió a los paravalanchas”. En ese mismo artículo se aclaró que “en el incidente también fue herido “Tonga”. El sí es (unos de los líderes) barrabrava. De hecho, viajó al Mundial de Sudáfrica en 2010 con Hinchadas Unidas Argentinas, ya que también tiene ascendencia en la barra de San Telmo. En sus ratos libres, como el resto de “La 14”, participa de actos políticos, como en diciembre de 2012, cuando se lo vio con otros barras en el lanzamiento de Nicolás Russo a su candidatura política municipal”.

Como podemos apreciar, en este caso los medios vuelven a bajar su línea política. Es interesante observar el contraste que se expone entre el fallecido (Gerez) vinculado al sindicalismo opositor, al que se señala como hincha pero no barra brava, mientras que el herido (“Tonga”) tiene cercanías con el oficialismo (nota: Russo, hoy en el Frente Renovador, en aquel momento estaba ligado al kirchnerismo), del que se aclara que sí pertenece a la cúpula barrabrava del club.

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El recuerdo de Gerez es permanente en la cancha de Lanús.

El crimen de Gerez volvió a poner el foco de la prensa deportiva en la actuación policial en los espectáculos deportivos. Por tratarse de lugares privados de acceso público, se volvió a cuestionar la conveniencia de ubicar personal armado para mantener el orden de miles de simpatizantes. Por lo tanto, se decidió circunscribir la zona de competencia policial a los alrededores y accesos a los estadios y dejar el control de las tribunas a empresas de seguridad privada contratada por los clubes.

Ahora nuevamente, esta metodología ha vuelto a ser cuestionada luego de los recientes sucesos ocurridos en la Bombonera, donde quedó de manifiesto la incapacidad (o complicidad) de la seguridad privada para controlar a los violentos. Los clubes se quejan de que deben asumir costosos operativos policiales, ya que si bien está vedada la concurrencia al público visitante, las cantidades de efectivos destinados vienen en franco crecimiento.

Hoy en día, es función del periodismo deportivo no desconocer las vinculaciones señaladas en este trabajo. Es imposible analizar un hecho de estas características como un incidente aislado (“fueron tres inadaptados” o “los idiotas de siempre”). Las “barras bravas” actuales, como ya fue dicho, forman parte de un nuevo paradigma. La violencia contemporánea posee un entramado social complejo y es función de la prensa estar vigilante de todos los actores que la componen. Pero también es necesario remarcar que muchas veces algunos de esos actores pueden ser los propios medios-empresas que por sus intereses creados, cercenan o condicionan la actividad del periodista-individuo. Porque tan necesario es saber quién nos transmite sus representaciones, como desde dónde lo hace.

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